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Date: 07 Jun 2001
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~ECOS DE OTROS TIEMPOS~
Prosapia, talento y riqueza fueron los propicios atributos que acompañaron a Lavalle a su ingreso en el Mundo. Hace sólidos Estudios en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de la Guadalupe. Inicia después su Carrera como Adjunto a la Legación en Washington, a cargo de Don José Joaquin de Osma y Aguero. Viaja por Europa durante largos años, ya como particular, ya en ejercicio de sus funciones. Funda un hogar féliz por su Matrimonio con su gentilisima prima Doña Mariana Pardo y Lavalle. Como Ministro Plenipotenciario, representa al Perú en San Petersburgo y formula ante el árbitrio imperial un elegante y bien concertado alegato en el incidente ocurrido con el Japón con motivo del atropello cometido con la barca "Maria Luz". Entremezcla sus obligaciones Oficiales con sus dilectos esparcimientos literarios y escribe sobre Rusia, sus personajes y sus tipicas costumbres, cartas amenas y agudas observaciones, que más tarde publicara "La Opinión Nacional" y serán traducidas al Polaco.Más el destino le somete a duras pruebas. La dulce compañera de su vida fallece en la Capital Rusa; en Paris, desgraciadas especulaciones bursátiles merman su cuantiosa fortuna. Regresa al Perú con sus tiernos Hijos, se incorpora al Parlamento, interviene con brillantez e independencia en el debate de los asuntos públicos y preside la Comisión Diplomatica en vatias Legislaturas.
Anúblase nuestro horizonte internacional, surge el conflicto Chileno-Boliviano que amenaza envolvernos, hace nuestro Gobierno supremos esfuerzos para evitarlo e invocando el reconocido Patriotismo de Lavalle y su Experiencia y sagacidad comprobadas, le confia, en febrero de 1879, la infortunada Misión que he mencionado.
Durante la Guerra, al frente de nuestra Legación en rio de Janeiro, continúa trabajando con desesperado empeño en favor de la Causa Peruana. Su Hijo Hernando, que abraza la carrera de sus Abuelos, Inteligente, Valeroso y Artista, se Inmola por la Patria en las Pampas de San Juan.
Don José Antonio, que ha vuelto a sus natales lares, es sometido a Prisión por el Invasor y enviado a Chillán. Allí le alcanza la carta del General Iglesias, en la cual le llama para encargarle de Negociar la Paz con el Vencedor. Con desolada clarividencia abarca Lavalle la magnitud del Sacrificio que se le impone. Pueden presentarse como ejemplo de Estoicismo y Cívica entereza las siguientes líneas de su respuesta a Iglesias: "Desde que abrigo,no de ahora, sino desde que llegué de Europa en 1881, la profunda convicción de que la Paz posible es el único medio de Salvar lo que aún nos queda de Patria, así como la de el que la firme, firmará quizás su sentencia de muerte material y, de seguro, la de su muerte política, no puedo vacilar. Me pone Ud. a elegir entre la salvación probable del perú y Mi Propio sacrificio; acepto, y doy a Ud. las Gracias porque me ha creido a la Altura de la situación que me impone. Los que como Ud. y yo hemos dado a la Patria la Vida y Sangre de Nuestros Hijos, nada podemos rehusarle ya".
El Tratado de Ancón es el resultado de esa convicción y de ese personal renunciamiento. Ocupa Lavalle en el Gabinate Barinaga, el Ministerio de Relaciones Exteriores; pero al establecerse el Gobierno Nacional, renuncia irrevocablemente el cargo, porque, en Su Concepto, los más altos dictados morales y patrioticos, aconsejaban que los Hombres que habian asumido la responsabilidad de suscribir el Tratado de Paz, deberian resignar el poder inmediatamente después de haber obtenido la aprobación de la Asamblea Constituyente.
En plena madurez, cuando todavia podia prestar valiosos servicios al estado, traspasa Lavalle los unbrales de la vida Pública, en previsto y desengañado retraimiento, para consagrarse por entero a sus predilectas aficiones. En los diez últimos años de su vida desarrolla una intensa labor intelectual. En Revistas y Periódicos, especialmente en el Ateneo de Lima aparecen insertos numerosos e interesantes trabajos Historicos, agradables ensayos de Novela, Tradiciones a la usanza de Palma y Estudios criticos que firma con su Nombre o con el Seudónimo de Perpetuo Antañon. Campea en sus producciones un espiritu investigador y erudito, amenizado por toques sutiles de ironía y humorismo. El estilo, a semejanza del Autor, es cortesano y academico, arcaico en el giro y en el léxico, castigado y pulcro. Asus exceentes monografias tendrán que acudir cuantos se dedican al Estudio de la Historia Patria, y aunque con menos fantasiía y gracejo que su íntimo amigo Palma, Lavalle en la descripción de la Lima antañona, lo aventaja en la exactitud y minuciosidad de los detalles. "La Hija del Contador", novela corta basada en un suceso real de la Lima dieciochesca,se singulariza por su riqueza descriptiva y vibra en ella una suave emoción. Palma la comparaba con acierto a aquella primorosa filigrana que labró la pluma de Pedro Antonio de Alarcón, titulada "El Sombrero de Tres Picos". Vuelve el tradicionalista la mirada melancólica hacia la Alameda de los Descalzos, que Lavalle rememora en su novela, y dice lo que sigue: "Hay en el manuscrito de Ud. unas páginas que me han quitado algunas canas. Son las que Ud. consagra a describir la Alameda Vieja. 'Quién la vió y quién la ve'. Me parece que fué ayer cuando retozando por ella con otros arrapiezos de mi edad, recogian las bolitas negras de que estaban cargados unos árboles que en el Norte llaman chorolques. Hoy la Alameda con sus estatuas y sus verjas, y su jardín y su fuente, será más artistica, pero no más poética que la Alameda de nuestra Infancia. Hoy es algo que hemos visto en Europa y en otros pueblos de América, pero no es tipica, no es Limeña. Hoy la Alameda con pretensiones de civilizada y nada más. Quién me diera espaciarme por la Alameda seni salvaje de otros días!
Lavalle, Palma, la Alameda de los Descalzos, sombras augustas, poéticas lontananzas estilizadas por la imaginación y la Leyenda! En los alrededores del año 90, cuando una Lima diminuta y apacible reconocía como extremos limites los Parques de la Exposición y las Faldas del San Cristóbal, veiase al declinar la tarde, a un caballero atildado y enjuto, que doblaba la esquina de la Minería, recorría el jirón central, descendia el Puente de Piedra y prosiguiendo por las populosas calles bajopontinas penetraba a la solitaria Alameda para reposarse en un banco de mármol. Asemejábase el viandante a un personaje del Greco en la fisonomia prolongada, en la tez marfileña, en el aquilino arranque de la nariz, en el mentón avanzado y en la mirada vivaz y perpicua de sus ojos escrutadores. Cubriase con amplio chambergo, lucían sobre sus hombros las vueltas color grana de la capa española y aparecian al borde de ella los pantalones a pequeños cuadros, realzados por una ancha franja de seda negra. El Chambergo y la Capa, el retorcido bigote blanco y la mosca romántica, eltalante grave y señoril del Caballero se armonizaban punto por punto con el encanto triste de la vieja Alameda bajo el sortilegio del crepúsculo. Desde su banco, mientras rubricaba sobre el césped con la contera de su bejuco, Don Perpetuo Antañon avizoraba la quinta donde el Virrey Amat y la Perricholi ocultaron sus pendencieros amores y el patio de cierta vetusta casa, adornadas con matas de geranio y malvarosas que Lucía Orozco, la Hija del Contador, cuidaba con sus lindas manos. Acaso el propio Don Melchor Orozco, lego de los Descalzos, convocaba en estos momentos a los fieles a la cita del Angelus; y el timbre timido de la campana y la dulzura del dormido paisaje fundianse en precisa consonancia con los versos elegiacos de nuestro Cisneros:
"Placeme en la Alameda solitaria
cerca del templo, de quietud en pos,
escuchar de los monjes la plegaria
y al son de la campana funeraria
pensar en Dios".
A ese sitio y a la misma hora Don Perpetuo Antoñón iba todos los dias a buscar la Paz del Alma que los hombres y la suerte le negaron y a refugiarse en el pasado como en fuente perenne de consuelo. Desgranaba el surtidor su scherzo monocorde y poblábase el Paseo de figuras indecisas. Discreteaban galanes y tapadas, resonaban los cascabeles de las calesas, difundiase en el aire fragancia de jazmines. Hasta que la enfermedad agarrotó sus miembros. Don José Antonio de Lavalle y Arias de Saavedra, Diplomático insigne,Historiador y Literato de justificada nombradia, Gran señor por la Alcurnia y por el Propio Valer,Limeño limenizante, Padre ejemplar y Abnegado Patriota, acudió todas las tardes a la silente Alameda para recoger en su Espíritu como en un pomo de ristal finisimo la esencia de una Lima que se fué.
*Tomado de la Revista: "Mercurio Peruano".
Revista Mensual de Ciencias Sociales y Letras.
Páginas 94 a 98.
Director: VICTOR ANDRES BELAUNDE
Lima-Perú. Año XVI-Vol. XXIII-Nº 167-Febrero MCMXLI
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