[ Home | Contents | Search | Post | Reply | Next | Previous | Up ]
![]()
Date: 04 Jul 2002
Time: 22:50:41
Remote Name: 64.152.139.17
Remote User:
JORNADAS EMPRESARIOS Y EMPRESAS EN LA HISTORIA ARGENTINA UNIVERSIDAD ARGENTINA DE LA EMPRESA BUENOS AIRES, 20 Y 21 DE NOVIEMBRE DE 2001
Empresarios coloniales a fines del siglo XVIII. El caso de los comerciantes peruanos frente a la competencia extranjera
Cristina Mazzeo*
Introducción La estructura colonial americana tenía como eje articulador de la economía, el comercio de exportación – importación. Este era, junto con el tributo indígena los rubros más importantes de recaudación fiscal. A lo largo del siglo XVIII el comercio sufrió una serie de modificaciones debido principalmente a que la competencia inglesa en el Atlántico había provocado una crisis general en las finanzas del Imperio Español. Luego de la Guerra de Sucesión Española Inglaterra si bien no impuso su candidato, en la mesa de negociaciones logró su objetivo: introducir en el mercado colonial Iberoamericano un navío de permiso con 500 toneladas de mercaderías y obtener la concesión del tráfico negrero desplazando de esta forma a su antigua rival Francia, unida en ese entonces a España por lazos de familia(1).
Los Borbones iniciaron su reinado en España a principios del siglo XVIII e impusieron una nueva mentalidad, y a diferencia de los Austrias estaban decididos a retomar el poder y recuperar el dominio sobre los administradores coloniales. Un hecho significativo, como la ocupación de la Habana por los ingleses en el año 1762 motivó a Carlos III a aumentar los situados de plata que enviaba al Caribe para satisfacer los gastos militares y construir una serie de fortalezas estratégicas en los principales puertos, a la par que decidió implementar una serie de modificaciones a su sistema fiscal para limitar el contrabando(2) . No obstante la base del sistema mercantil siguió siendo un comercio controlado donde el juego de la oferta y la demanda quedaban desvirtuados.
Fue especialmente dicho monarca quien se preocupó por reorganizar el estado e incrementar los recursos de España mediante una mejor administración y una eficiente recaudación fiscal, además de fomentar el comercio y la minería, pilares de la economía colonial. Esta toma de conciencia de la situación en las colonias y la avanzada de Inglaterra sobre las posesiones americanas ya sea desde el punto de vista legal o informal a través de sus testaferros tanto en Lisboa como en Cádiz, llevó a los pensadores españoles no sólo a tener en cuenta lo administrativo y lo económico. El plan de reformas tenía también un interés en lo social, crear sociedades más homogéneas quebrando las barreras legales y culturales entre los diferentes grupos. La idea de Campillo, por ejemplo, era hacer de las colonias parte de la metrópoli incorporando a la sociedad los diferentes sectores, limando las diferencias entre españoles y criollos. También consideraba dicho reformador que se debía distribuir tierras a los campesinos e incorporar a los indígenas a ciertas industrias artesanales aprovechando la gran capacidad que tenían para estas tareas(3). Sin embargo estas medidas sólo quedaron en proyectos, porque la nueva guerra con Inglaterra y luego contra Napoleón desarticuló el plan y por el contrario presionó mucho más sobre las elites americanas debido a sus necesidades económicas agudizando, de esta manera, los conflictos.
La creación del Virreinato del Río de la Plata, y la elevación de Chile y Venezuela a Capitanías Generales, como así también el establecimiento de las nuevas audiencias de Cuzco, Caracas y Buenos Aires, muestran el interés de la Corona por sentar una mayor presencia en sus posesiones. Desde el punto de vista social, nuevos inmigrantes españoles se asentaron en Lima y en otras ciudades virreinales, como por ejemplo México y Buenos Aires, y desplazaron a los criollos de los puestos que habían conquistado. No obstante ello, si nos atenemos al trabajo de Burkholder y Chandler podemos comprobar que, mientras en México, entre 1775 y 1820, hubo tan solo 21 nativos, -originarios de la región-, 106 criollos y 532 peninsulares ocupando puestos en la Audiencia, en el Perú durante el mismo lapso hubo 63 nativos, 147 criollos y 415 peninsulares. De ello se desprende que en el Virreinato del Perú hubo mayor cantidad de criollos que en la Nueva España, ocupando la administración virreinal y por tal motivo el desplazamiento fue menor(4).
Las reformas impuestas a mediados del siglo XVIII fueron el factor determinante que trastocaron las condiciones económicas de los comerciantes peruanos. Estos como mecanismo de protección ejercieron una doble política; por un lado se quejaron amargamente a través del Consulado organismo institucional que los representaba y por otro, trataron de aprovechar las circunstancias y realizar sus negocios. No obstante desde el punto de vista del comercio global, los 12 años que van de 1784 a 1796 mostraron cierta estabilidad y por ende una tendencia al alza en las exportaciones lo que debió redundar en beneficios particulares(5). Se exportaron mayor cantidad de productos a España y se incorporaron nuevos rubros además del oro y la plata que siguieron siendo los principales efectos de exportación. El cacao, el cobre y la cascarilla llegaron a exportarse en cantidades apreciables(6),
De las medidas tomadas en su conjunto, para los fines de este trabajo tomaremos aquellas que tienen que ver con la competencia que afectó a los comerciantes peruanos. Ellas fueron: la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, la implementación del Reglamento del Libre Comercio en 1778 y la decisión de utilizar barcos neutrales a partir de 1796 situación que se agudizó con la competencia directa de Inglaterra en 1808 y continuó durante la guerra de independencia(7). La primera afectó notoriamente al Perú dado que seccionó a éste un espacio territorial importante como fue el Alto Perú(8) junto con las minas de Potosí que pasaron a depender del flamante Virreinato; la segunda medida, según la historiografía tradicional, tuvo repercusiones importantes sobre la elite comercial porque el Callao dejó de ser el puerto por excelencia del abastecimiento de la zona del Alto Perú. No obstante nuevas investigaciones dan cuenta que el circuito sur se reestructuró pero no se redujo y que los comerciantes peruanos aprovecharon esta circunstancia; la tercera permitió el comercio con extranjeros, medida que se extendió hasta fines del período colonial desarticulando totalmente el comercio bilateral entre América y España. De manera que estas medidas restaron capacidad de negociación al grupo monopólico de Lima. Sin embargo, aquellos comerciantes que gozaban del beneficio real ó cumplían importantes funciones para la corona lograron soslayar los inconvenientes y controlar la situación hasta fines del período colonial. Este trabajo, por consiguiente, tiene por objetivo mostrar cuáles fueron las estrategias adoptadas por los comerciantes peruanos de fines del siglo XVIII frente a la competencia que surgió dentro y fuera del ámbito virreinal.
1 - Competencia entre Buenos Aires y Lima:
La competencia con Buenos Aires puerto vinculado al Atlántico, venía desde el siglo XVII, el trabajo pionero en este aspecto es el de Céspedes del Castillo “Lima Buenos Aires 100 años de rivalidad” escrito hace ya medio siglo, nos permite conocer la oposición que existía entre ambas regiones. Por otro lado en la documentación oficial de la época nos encontramos con varias referencias al respecto. En 1737 un documento elevado al rey por parte de los comerciantes peruanos solicitaba que no se aceptasen más los registros sueltos a Buenos Aires pues ello perjudicaba al Perú. En 1739 debido a la destrucción de Portobelo por el almirante Vernon se impuso la navegación por el Cabo de Hornos de los barcos con destino al Perú, que hacían primero escala en Buenos Aires donde muchos no solo desembarcaban mercaderías sino también introducían otras por Colonia de Sacramento sin pagar los impuestos respectivos. En 1749 hay un nuevo pedido del Virrey del Perú solicitando el cierre del puerto de Buenos Aires a los navíos con destino a dicho puerto. Lo mismo sucedió en 1761. Pero las peticiones fueron infructuosas, por el contrario, en 1767 se permitió la escala de los correo marítimos a dicho puerto. Para 1777 se creó el Virreinato del Río de la Plata y al cabo de un año se implementó la apertura mercantil con lo cual el puerto de Buenos Aires quedó legalmente autorizado a comerciar directamente con España y con otros puertos americanos. La Real Cédula del 17 de enero de 1774 restableció la libre navegación entre el Perú, Nueva Granada y Guatemala con el fin de que no se tenga que recurrir a negociaciones prohibidas además de querer fomentar la industria y la agricultura(9). La introducción de mercaderías por vía terrestre para abastecer la zona de Potosí, que llegaban a precios más bajos, también motivaba la queja de los grandes monopolistas limeños. Una carta del diputado del Consulado de Lima en Arequipa, Mateo Cosio fechada el 2 de enero de 1778 solicitaba la intervención de dicho organismo para reparar el daño que producían las mercaderías que ingresaban por Buenos Aires hacia el Alto Perú vía terrestre. La estrategia de los comerciantes fue entonces, acaparar los productos que ingresaban para que de esa manera controlar el precio. Otra medida fue no concurrir a las ferias de Salta y obligar a los ganaderos a llevar las mulas directamente a Potosí donde debían vender a los precios que los comerciantes peruanos les imponían.
Sin bien Buenos Aires logró un vertiginoso crecimiento luego de la apertura del puerto en 1778, Lima siguió manteniendo un importante volumen de compra de mercaderías proveniente de Cádiz en un porcentaje dos veces mayor que el de Buenos Aires. Este puerto recibía mercaderías por valor de 1.3 millones de pesos en valores constantes, tomando como base 1778, durante el período 1785 – 96, mientras que Lima lo hizo por 2.6 millones de pesos a los precios de 1778. El Callao era el principal puerto del Pacífico y siguió concentrando la internación de las mercaderías por lo que no se puede calcular la distribución entre los puertos de Valparaíso, Arica y Guayaquil. Los tres principales puertos en orden de importancia para las exportaciones de Cádiz era la siguiente: Veracruz que representaba un 35,5 % de las exportaciones de Cádiz, sigue el Pacífico con un 21,6 % y continúa el Río de la Plata con un 10,8 %. Pese a las quejas de los comerciantes respecto a la competencia del puerto de Buenos Aires, la balanza comercial del Perú respecto a dicho puerto fue a fines del siglo XVIII positiva. Veamos el informe de Dionisio Franco presentado en 1790 sobre la balanza comercial del Perú:
>Comercio del Perú – año 1790 (En miles de pesos):
(*) Exportación/Importación/Balanza para el Perú
*Buenos Aires/2.034.980/864.790/(+) 1.170.190
*Chile/458.317/629.800/(-) 171.483
*Chiloé/30.000/51.200/(-) 21.200
*Guatemala/28.350/124.500/(-) 96.150
*Santa Fe/128.295/284.459/(-)156.164
*Total/2.679.942/1.954.749/(+)725.192
*%/ 75 % / 44 % / ~Tomado de Parrón Salas(12).
Como podemos apreciar la balanza comercial con Buenos Aires era positiva pero ello se debía fundamentalmente al comercio interprovincial, es decir al comercio que se hacía por vía terrestre. Perú importaba de la zona del Plata fundamentalmente mulas y exportaba desde las Intendencias de Arequipa el 87 % del aguardiente que producía; de Cusco enviaba el 70 % de ropa de la tierra además de otros productos alimenticios especialmente maíz y azúcar a la zona de Potosí(13). Esto estaba en relación con el aumento de la producción minera en la región a fines del siglo XVIII lo cual afectó a otros sectores de la producción agraria y comprueba además que, de alguna manera, el circuito comercial de la región del Alto Perú siguió funcionando. De estos datos podemos concluir que el comercio se acrecentó entre ambas regiones por lo menos hasta 1796 donde una nueva guerra con Inglaterra cambió las relaciones de poder entre los comerciantes y el Estado español. Luego de esa fecha se afianzaron nuevamente los lazos mercantiles con la zona del Río de la Plata dado que Lima se proveía de esclavos negros que llegaban de África y del Brasil a través de dicho puerto.
Pero ¿quiénes eran los comerciantes que se dedicaban a este comercio con Buenos Aires? A continuación daremos algunas características generales de los comerciantes peruanos para luego ver casos específicos que conectaban el comercio entre ambos puertos, ó estaban vinculados con el mercado interno de la región del Alto Perú.
Los comerciantes peruanos y sus conexiones con el Virreinato del Río de la Plata La sociedad peruana del siglo XVIII podría dividirse en tres grandes grupos, el primero lo constituían las familias notables entre las cuales se encontraban algunos nobles, profesionales, grandes comerciantes, alto clero y las autoridades virreinales; el segundo estaría formado por grupos medios, artesanos, campesinos, pequeños comerciantes y bajo clero, y el tercer grupo constituido por castas, negros esclavos, e indígenas. Era una sociedad estamental en la cual as familias notables eran aquellas que habían alcanzado poder económico y prestigio social y los grandes comerciantes eran los que constituían el sector más dinámico de la sociedad.
La elite mercantil, ó empresarios coloniales, se identificaban por intereses comunes en el ámbito socio económico. Los comerciantes habían logrado mantener su capacidad económica hacia fines de siglo XVIII y contaban con una importante red de vinculaciones sociales que los colocaba en la cúspide de la sociedad colonial, permitiéndoles obtener mejores negocios. La característica del comerciante en América fue que combinó formas de vida típicas de los grandes señores, con la capacidad de innovación que tenían aquellos capitalistas del siglo anterior en Europa(14). No obstante estamos frente a una sociedad de antiguo régimen, patriarcal donde el prestigio y la jerarquía social era el principal patrimonio de ese sector de la población.
Había un alto grado de cohesión entre los comerciantes determinado por factores económicos y sociales, aunque se asociaban circunstancialmente para realizar algunos embarques, se prestaban dinero y también se relacionaban mediante el matrimonio. En todos los casos constatamos que se casaron con criollas pertenecientes a prestigiosas familias. Si bien los matrimonios entre pares era lo habitual, (al punto de aceptar tácitamente las relaciones extra matrimoniales con las mujeres que no pertenecían al mismo linaje), estos nexos fueron fundamentales en la ampliación de las redes mercantiles, un patrón de comportamiento que no es patrimonio del siglo XVIII sino que se dio desde el comienzo mismo de la colonia y se extendió incluso a lo largo del XIX. De ello deducimos que América brindaba a estos recién llegados cierto grado de movilidad social dado que, si bien no se ha profundizado en el origen de dichos comerciantes en España, tanto Lavena, como Elizalde, el conde de San Isidro y Domingo Ramírez de Arellano se iniciaron como principiantes y al cabo de medio siglo estaban en la cúspide de la sociedad colonial.
Los grandes comerciantes de Lima fueron hombres de negocios, que ocupaban puestos en la administración, detentaban cargos militares y algunos, también, un título de nobleza, además de pertenecer a alguna orden militar, distinciones que alcanzaban a partir de una importante foja de servicios y prestaciones a la Corona. Por otra parte estos comerciantes poseían haciendas y en la mayoría de los casos eran integrantes del Consulado de Comercio, institución que además de cumplir funciones gremiales, era la principal fuente de préstamos para la Corona. Uno de los grandes comerciantes que se vinculó con el puerto de Buenos Aires, fue José Antonio de la Lavalle y Cortés. Este comerciante de origen trujillano (norte del Perú) había obtenido por gracia real el título de “Conde de Premio Real” por su buena disposición y actitud en defensa del rey en la rebelión de Túpac Amaru(15). Dicho comerciante encontró una importante veta en la comercialización de negros esclavos los cuales compraba en Buenos Aires donde sus contactos eran la firma Larravide y Necochea y Bruno Pereira. La primera referencia de este comercio data de 1783 cuando aún no se había producido la liberalización del tráfico por lo que ya en ese momento sus relaciones con la corona eran importantes dado que para comerciar esclavos se necesitaba una licencia real. Por la compra de negros que llegaban al puerto de Buenos Aires se extraía por el mismo cacao, cobre y cueros por igual valor mediante un sistema de comercio compensado. Por lo tanto este tipo de negociaciones le permitía ganar en dos sentidos, por un lado vendiendo los esclavos en Lima y por otro colocando en el mercado europeo los productos que extraía como pago de dicha carga(16)
Otra de las estrategias utilizadas al iniciarse este proceso de expansión comercial y protegerse de la competencia fue diversificarse, es decir, invertir en otras actividades productivas como haciendas, minería ó exportar productos que habían sido liberados del pago de impuestos como el cobre, estaño, cacao y cascarilla. Entre 1786 y 1794 Lavalle llegó a exportar 25.000 cargas de cacao, 4.000 quintales de cobre y cerca de 30.000 arrobas de cascarilla. Otros grandes comerciantes en estos rubros fueron los hermanos Elizalde, el conde de San Isidro, Bruno Polanco y Gregorio Argote, que exportaron cantidades significativas en esos años como se muestra en los cuadros adjuntos. El grupo comercial más destacado tenía una participación efectiva en el comercio de exportación global a Cádiz entre un 15 y 17 %. Importante fue también la vinculación del Conde de San Isidro con el Virreinato del Río de la Plata quien se relacionó con Gerónimo Matorras personaje que le proveía de mulas en Tucumán y al igual que Gaspar Quijano Velarde yerno del primer marqués de Torre Tagle quien se vinculó con Juan Cabrera Betancurt con la finalidad de enviar tabaco desde Paita hacia Buenos Aires y Chile Por su parte Manuel Fernández de Valdivieso tuvo como apoderados a José Andrés Sanz y Agustín Gil en Potosí hacia 1777. Los tres comerciantes se vincularon con el mercado interno del Virreinato del Perú distribuyendo mulas provenientes de Tucumán además de sus actividades transoceánicas.
Por otro lado los comerciantes peruanos siguieron controlando el comercio del trigo chileno el cual intercambiaban por azúcar. Ellos fueron Domingo Ramírez de Arellano cuyo radio de acción no se limitó al comercio internacional sino que se destacó en el comercio con el Virreinato de México, sobre todo con Acapulco y Veracruz, y con el del Río de la Plata tomó contactos con las ciudades de La Paz, Oruro, Cochabamba, La Plata, Potosí y Tucumán y además con las regiones de Nueva Granada y Chile. Con este último país mantuvo un comercio muy fluido y permanente especialmente entre 1786 y 1811 importando además del trigo cobre, sebo y cueros y enviaba desde el Perú azúcar que producía en la hacia la Huaca, ropa de la tierra, sal a través de su propia embarcación Nuestra Señora de las Mercedes. En conclusión las conexiones entre los comerciantes peruanos y el nuevo virreinato continuaron y lo interesante sería realizar trabajos que identifiquen las redes mercantiles, que al igual que las sociales y parentales, integraban diferentes espacios coloniales. Frente a la competencia dichos comerciantes presionaron al Estado a través del Consulado para que la Corona legislara a su favor mediante prohibiciones concretas, por otro lado buscaban beneficiarse en forma individual obteniendo ciertas franquicias especiales, mediante un sistema de prestaciones y ayuda al rey.
2 - La competencia de las grandes Compañías comerciales del Estado Otro sector competitivo durante el período que corresponde al libre comercio fueron las grandes compañías mercantiles que aparecieron en Lima entre 1784 y 1785, como la Compañía de los Cinco Gremios Mayores de Madrid y la Real Compañía de Filipinas. La primera estableció una factoría en Arequipa buscando el contacto directo con el Alto Perú y la competencia no se sintió en un primer momento pero luego, al cabo de dos años abrieron una factoría en la ciudad capital, bajo la administración de Fernando del Mazo, Ramón Caballero y José González de Villa, tres comerciantes de la ciudad. La Real Compañía de Filipinas fue creada por la Corona con el intento de recuperar para sí el mercado asiático y velar por la prosperidad de las islas Filipinas. La compañía tuvo que enfrentar el rechazo de los grandes mercaderes lo que provocó constantes litigios y pleitos en el Consulado y la Audiencia. Esto se debió fundamentalmente porque los grandes comerciantes se vieron afectados en sus márgenes de ganancias lo cual debió ser compensado con nuevas actividades mercantiles. Algunos grandes comerciantes vieron como alternativa entonces, ser accionistas de la misma como el Conde de San Isidro, el Conde de Fuente González y Domingo Ramírez de Arellano como primero, segundo y tercer factor respectivamente. El primer comisionado era a su vez administrador de la sucursal lo que le brindaba la posibilidad de imponer sus decisiones a la hora de realizar las transacciones. La compañía tenía una flota mercante propia y podía disponer de la tripulación de la Real Armada y además pagar una cuota mínima de flete. La Compañía monopolizaba el comercio con Manila, de donde traían telas finas, muselinas, tejidos de algodón y remitían pieles. Los productos filipinos quedaban exentos del pago de impuestos al ingreso a Lima con el libre retorno de caudales a Manila Además incursionaba en el comercio de esclavos que eran adquiridos en África a través de la empresa británica Baker and Dawson los cuales eran introducidos también por Buenos Aires, siendo Martín de Sarratea el comisionado de la Compañía en Buenos Aires. De esta manera vemos como en dicho rubro la empresa competía con los permisos otorgados al Conde de Premio Real.
Los beneficios de ser comisionista o factor de dicha Compañía eran grandes porque en 1802 encontramos una carta del hijo del Conde en la que postula al cargo por producirse una vacante, y comenta que el cargo “era digno de cualquier esfuerzo porque además de la buena comisión que deja, trae crédito y dependencia en el comercio que corre con ventaja aún para el giro de los propios negocios. La segunda gran compañía era la de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, que se instaló en un primer momento en Arequipa. Un gran comerciante radicado en Lima, Antonio de Elizalde llegó a ser representante de dicha casa comercial luego de haber sido uno de los principales opositores a su instalación en Arequipa. Siendo Prior del Consulado, Elizalde encabezó la ofensiva contra la diputación de comercio de Arequipa solicitándole el cierre de la casa de los Cinco Gremios. Las reclamaciones se sucedieron en 1790, 91 y 93 pero los intereses de dicha compañía eran demasiados fuertes como para eliminarla del mercado, por lo tanto la estrategia fue unirse a ella y de alguna manera aprovechar sus contactos. Esta casa comercial actuaba también como prestamista de los grandes comerciantes. Adelantó a Lavalle un empréstito para la compra de negros en África. Antonio de Elizalde se separó de la compañía a partir del año 1787 cuando creó una propia junto con Matías Larreta, bajo la denominación Elizalde, Larreta y Cía, y juntos fueron los principales exportadores de cacao, cobre y cascarilla.
Antonio de Elizalde ocupó además puestos en la conducción del Tribunal de Minería y su hermano José Matías llegó a casarse con Francisca González de la Fuente hija del anteriormente nombrado conde de Fuente González factor de la Cía de Filipinas. Este es un ejemplo de las relaciones interpersonales que desarrollaban los grandes mercaderes vinculándose entre sí y de esa manera conformaban una especie de red de relaciones que les permitía moverse en un juego de prestaciones y servicios a cambio de beneficios económicos.
La actividad empresarial de Elizalde llegó a más cuando intentó crear en 1799, junto con otro grupo de comerciantes, talleres-escuelas para la instrucción en los oficios de hilado y tejido del lino, algodón y cáñamo entre los vecinos pobres de la ciudad con el objeto de proveerse de un ingreso además de fomentar la industria. El proyecto nacía como una respuesta limeña a la real orden de 9 de mayo de 1795 por la cual se había concedido a México la libertad de desarrollar la siembra de lino y cáñamo y establecer fábricas y “telares” de cualquier género de lienzos, concediendo exenciones de impuestos a los que invirtieran en tales empresas. Si bien la actitud del virrey fue propicia no contó con la aprobación del Rey quien dictaminó que en dicho proyecto no debían participar comerciantes particulares. En 1810 hubo un nuevo intento de crear una fábrica de hilados y tejidos de algodón en la ciudad de Lima, pero tampoco prosperó dado que se vio perjudicado por muchas trabas y dificultades(21).
Estas grandes compañías se habían creado para quebrar el control monopólico de los grandes comerciantes. La Corona no estaba dispuesta a permitir la creación de industrias en América que pudieran competir con la producción española. Esta era una de las grandes contradicciones del sistema porque impedía la formación de una burguesía mercantil que a su vez reportara beneficios al Estado, por el contrario la Corona española presionaba al grupo mercantil tratando de limitar sus ganancias.
3 - El comercio con “neutrales” 1796 - 1808 Es a partir de 1796 cuando la competencia se acrecentará con la apertura comercial con neutrales debido a la nueva guerra con Inglaterra. Este comercio provocó muchas transgresiones y desórdenes por lo cual la Corona ordenó suspender la medida a dos años de promulgada. No obstante se hizo caso omiso de dicha prohibición y tanto las autoridades españolas como las británicas, y en algunos casos americanas, especialmente en el Río de la Plata permitieron dicho comercio debido a las interesantes ganancias que dejaba. Por otro lado los barcos neutrales daban cierta agilidad al comercio debido a que tenían menos restricciones. Una fragata con bandera neutral podía comprar a su llegada un permiso de habilitación en puertos americanos y coloniales y ello se hacía fundamentalmente en Buenos Aires pues en el Callao el virrey era muy reticente a las habilitaciones de buques de esta naturaleza. Con la llegada de Abascal como virrey del Perú la situación parecía haber mejorado pues hay una expresa referencia de que en tiempo de Avilés (virrey anterior) no podía esperarse una sola habilitación ordinaria para retornar a España. No obstante, a pesar de los contratiempos algunos comerciantes peruanos preferían trabajar con neutrales pues sus fletes eran menores y combinaron los permisos otorgados por la Corona con privilegios especiales. Es aquí donde las buenas relaciones con la Corona brindaba sus efectos positivos.
José Antonio de Lavalle gozaba del prestigio necesario para obtener ciertas franquicias mercantiles. Había obtenido la concesión de ingresar negros esclavos de manera exclusiva por el puerto de Buenos Aires. Una real Orden de 1798 le permitió comprar 2000 esclavos negros y extraer por dicho puerto 150 cueros al pelo libres de derechos reales y llevarlos a Hamburgo, además de 40 cargas de cacao por cada negro también libre de derechos. A su vez estaba autorizado a extraer de Cádiz 20 piezas de paños extranjeros del grosero para vestir a los negros y 200 barricas de brea y alquitrán. Lavalle complementó el comercio privilegiado con el comercio neutral aprovechando para el transporte las embarcaciones neutrales. Las embarcaciones procedentes de África que arribaron a Montevideo entre el 20 de enero y el 15 de febrero de 1803 con los esclavos comprados según la real orden de 1798 fueron las siguientes: - 20 de enero Fragata Escolástica con su capitán Bartolomé de la Vega procedente de Mozambique con 62 días de viaje cargando 369 negros. - 30 de enero Fragata americana La Resolución con su Capitán Tomás Oznare procedente de Imbambana con 82 días de navegación carga 290 negros. - 2 de febrero la fragata portuguesa La Luria su capitán don Custodio Souza procedente de Mozambique con 72 días de viaje y 230 negros. - 4 de febrero la balandra El Castor, su capitán Deonisio Cruz procedente de Janeiro con 14 días de viaje y carga 185 negros.
- 10 de febrero el bergantín nombrado Positiva su capitán José Domínguez procedente de Mozambique con 100 días de viaje y carga de 206 negros. - 12 de febrero la Fragata Nieves con su capitán Francisco Mesura procedente de la Costa de África con 104 días de viaja y carga de 205 negros. - 19 de febrero la fragata don Juan Bautista su capitán Nicolás Guarch procedente de Mozambique con 90 días de viaje y carga de 191 negros. - 27 de febrero la balandra portuguesa la Buena Esperanza su capitán José Franco La Costa procedente de Janeiro con 17 días de viaje y carga de 220 negros.
En total llegaron en dos meses al puerto de Montevideo 1.896 negros (que corresponderían a la licencia de ingresar 2000 negros). En este mismo intervalo salieron para Burdeos la Fragata nombrada el Alvion son su capitán Juan Bautista Elorduy con carga de 21.219 cueros de toro y novillo y 149 marquetas de sebo despachada por su mismo capitán(23). Otras dos embarcaciones que intervinieron en este comercio en 1805 fueron El Oriente, fragata francesa, que salió de Burdeos y debía ingresar 400 y 600 negros esclavos provenientes de Mozambique y la Trujillana que intervenía en la negociación de la expedición dirigida por la firma Bohl y White también con destino a Mozambique para la adquisición de negros esclavos. Las que salieron con mercaderías hacia Europa en este comercio compensado fueron: 1. La Perla – fragata de bandera hamburguesa, que en compensación por los negros ingresados debía extraer 12.241 cueros de los 34.500 comprados para tal fin. ( al parecer el capitán se quedó con parte de la carga). 2. Eulalia – Se encontraba en Guayaquil para extraer cacao. 3. Deseada llevaría 30.000 cargas de cacao y 16.000 qq, de cobre 4. Amelia de origen norteamericano, extraería cacao de Guayaquil 5. Júpiter que era hamburguesa, extraería 10.000 cueros 6. Monticello fragata norteamericana que introduciría unos 50.000 pesos en mercadería(24).
Todas estas embarcaciones actuaron en el marco del comercio de esclavos, en el cual estaba involucrada la familia Lavalle, mediante ese sistema de “comercio compensado” por el cual que se pagaban con mercaderías propias de América.
En cuanto a la obtención de permisos especiales para la negociación de esclavos existían diferente maneras. En cierta ocasión la familia Lavalle obtuvo el permiso al proponer que conducirían libre del pago de flete 2.000 quintales de cobre destinados a la Corona y de esa manera aprovecharon a cargar mercadería propia. En otra oportunidad el modo de obtener la habilitación de una expedición neutral a Hamburgo fue entregando un donativo de 30.000 pesos al contado a la Caja de Amortización. Vemos entonces como en el propio estado español existía cierta flexibilidad necesaria para subsistir en tan difícil situación. Pero la competencia era fuerte, fundamentalmente porque llegaban muchas embarcaciones de Europa, en especial de Hamburgo, Boston y Lisboa y de Norteamérica como Filadelfia. Los barcos norteamericanos eran preferidos a pesar de que éstos estaban prohibidos por su constitución política, porque se consideraba que si ellos realizaban una operación de este tipo siempre sería productiva. Juan Bautista de Lavalle (hijo de José Antonio y continuador de los negocios del padre) decía en carta dirigida a su hermano en Cádiz que los extranjeros encontraban muchos beneficios porque:
“mientras ellos hallan beneficios por la ventaja de sus principales, y menos gastos de sus expediciones nosotros solo encontramos atrasos pero por ahora es el único medio que se presenta de intentar operaciones con utilidad y esperanza.” (25)
Pese a los contratiempos, producidos por las guerras internacionales el comercio de esclavos continuó y siguió siendo el más productivo de la época. La inversión calculada era entre 19 y 20.000 pesos para la compra de 350 y 400 negros(26).
Otros comerciantes que incursionaron en esta actividad que iban a Buenos Aires a comprarlos fueron Manuel de la Piedra que en 1792 adquirió 184 negros; Tomás Antonio Romero que en 1800 compró en varias partidas 714 negros, Agustín Antesana 105 en 1801; José Requena 130; Tomás Gallego en 1803 117 además de Matías Larreta, Manuel Larravide, Juan Antonio Lezica, Matías de Bustamante entre otros, con partidas mucho menores. El precio en Buenos Aires era muy dispar, el más barato en 240 hasta 525 en el año 1803. En Lima los esclavos se vendían a 450 pesos.
4 - Los comerciantes frente a la guerra de independencia 1815 - 1820 La etapa que mayor competencia extranjera se registró entre 1815 y 1820 período en el que el Perú se vio envuelto en la guerra de independencia. En 1814 regresó el rey Fernando VII y se intentó imponer la vieja política de restricciones. Sin embargo, Inglaterra pretendía actuar como intermediaria en el conflicto americano si le permitían el comercio libre. A esto no solo se oponían los comerciantes de Cádiz sino también los de Lima, pero el Consejo de Indias llegó a la conclusión de que una posible solución sería permitir la interposición de Inglaterra para la pacificación de la América del Sur y proporcionar algunas ventajas comerciales a cambio(28).
En el Perú la necesidad de recabar dinero para armar los barcos de guerra había convencido al Virrey Pezuela en permitir el comercio con los ingleses aunque el Consulado de Lima se oponían a ello. En dicha época se entregaron muchas franquicias para comerciar con extranjeros y ante esta situación, los Consulados tanto de Lima como de México prefirieron adelantar los préstamos a la Corona. En 1814 el Consulado de Lima envió una relación de los donativos y servicios prestados al rey y al Estado desde 1777 hasta 1805 los cuales alcanzaban la abultada suma de 3.363.776 pesos. Para 1815 la cifra llegó a 6.001.280 pesos es decir que en 10 años se había duplicado la cantidad aportada en 38 años(29). En 1816 la situación era aún más crítica porque los patriotas al mando del almirante Guillermo Brown estaban hostilizando las costas del Perú. La disyuntiva era la siguiente, o se aceptaba el comercio libre con los ingleses para obtener recursos por la vía fiscal ó por el contrario los comerciantes continuaban aportando las necesidades que la Corona requería. Si bien el 22 de julio de 1818 el Consulado decidió aceptar el comercio libre con los ingleses, por el término de 2 años pagando un 12 % sobre los derechos comunes, luego se volvió atrás. Se llamó a una junta extraordinaria y tras deliberar se decidió entregar al Virrey 500.000 pesos como contribución por los cuales se debía pagar el 6 % de interés. El pago se realizaría en mesadas de 100.000 pesos. El 22 de octubre del mismo año la junta de arbitrios establecía que el Consulado debía proporcionar 200.000 pesos al contado para sostener los derechos del trono y la integridad de aquellos dominios además de aportar 117 mil pesos por mes para cubrir las atenciones a que no llegaba el erario. Un comerciante Pedro Zelayeta se comprometió a entregar dicho importe al contado si se le permitía construir una compañía general por acciones para comerciar con el extranjero especialmente con Londres y Río de Janeiro. El Consulado desechó la propuesta de traficar con buques ingleses y con Río de Janeiro. Otro comerciante, Manuel Gorbea como representante del Consulado de Lima, enviaba al rey en febrero de 1819 una nota en la cual solicitaba que no se permitiese el comercio libre con Inglaterra y a propuesta de la Junta ofrecía por una vez un donativo de 735.000 pesos. En una palabra, el control comercial y el poder que tenía el Consulado de Lima era tal que podía revocar las medidas tomadas por la Corona. Durante la época de Virrey Pezuela se entregaron muchas franquicias para comerciar con ingleses y esta fue una de las causas que produjo el levantamiento militar de Laserna contra dicho virrey 1820. Debido a la gran cantidad de fragatas extranjeras que entraron en el Callao, Pezuela debió responder y dar cuenta de las razones que lo llevaron a permitir el ingreso de dichos barcos. En ese informe Pezuela expresaba que sólo lo llevó el ánimo de defender estos dominios. Dichas fragatas traían armas de guerra las cuales ingresaban contra franquicias especiales que se entregaban a los extranjeros(30)
Los comerciantes peruanos tenían tanto poder de decisión que podían oponerse a las decisiones de Madrid, como lo demuestra la fuerza del Consulado limeño frente al comercio con Inglaterra. Es por ello que temían la ruptura con la metrópoli, sus negocios estaban vinculados a ella y por lo tanto fueron consecuentes con la defensa del sistema patrimonial. No obstante hubo actitudes diferentes tomadas por sus integrantes: mientras Juan Bautista de Lavalle, nombrado Intendente de Arequipa va trabajar para la Corona armando los ejércitos del rey y resolviendo las necesidades económicas que se presentaban para crear el cuerpo de reserva, el Intendente de Trujillo, José Bernardo Tagle, estuvo fuertemente vinculado con los liberales y proclamó la Independencia del Perú. Su pariente Agustín Quijano Velarde otorgó créditos para la causa realista, al igual que el hijo del Conde de Fuente González quien mantuvo una fuerte oposición a la causa patriota y murió en el Real Felipe, lugar donde se refugió la aristocracia limeña a la llegada de Bolívar, debido a la persecución llevada a cabo por Monteagudo , su ministro. Elizalde murió en 1820 y José Matías, su hermano, en 1821, luego de firmar el acta de la Independencia del Perú a la entrada de San Martín.
Las únicas familias que perduraron a través de esta coyuntura tan difícil fueron los Sáenz de Tejada, con un nuevo integrante español Javier de Izque al seno de dicha familia; los Santiago y Rotalde vinculados también a un nuevo personaje, español, Martín José Pérez de Cortiguera, y la familia Lavalle cuyo único integrante vivo, tanto en España como en el Perú fue Juan Bautista de Lavalle, criollo. Todos, sin excepción, sintieron el golpe de la guerra, a Juan Bautista de Lavalle le confiscaron la haciendas Villa y San Tadeo las cuales fueron devueltas más tarde. A Manuel Gorbea (español) le confiscaron todos sus bienes; Isabel Cabero viuda de Simón de Lavalle, todas sus especies pertenecientes a su suegra Mariana Sugasti; José Matías de Elizalde perdió todas sus casas de la calle San Francisco que estaban arrendadas; a María Josefa Tagle, hermana de José Bernardo Tagle todos los bienes vinculados al mayorazgo de su casa.
5 - Conclusiones Los comerciantes peruanos supieron soslayar la competencia que surgió con Buenos Aires, vinculándose con este puerto especialmente en la comercialización de negros esclavos y mantuvieron contactos con comerciantes de provincias a través de los cuales se proveían de mulas. El comercio libre de 1778 amplió el mercado pero no perdieron el control de las exportaciones de los principales productos, a pesar de sus quejas frente al gobierno. También tuvieron que enfrentar la competencia de las dos grandes compañías mercantiles que gozaban de beneficios especiales, y ante eso buscaron aliarse a sus propios competidores. Cuando se da inicio al comercio con neutrales también se vieron afectados pero mediante distintas prestaciones a la Corona obtuvieron ciertos privilegios que les permitieron soslayar los inconvenientes. Volvieron a vincularse con los comerciantes bonaerenses para continuar con el comercio de esclavos. Ante la inminente competencia del comercio con ingleses cuando la guerra contra Napoleón cambia el juego de las alianzas, los comerciantes peruanos respaldados en la institución que los representaba, prefirieron aportar importantes sumas al Estado antes que permitir dicho comercio.
Sin embargo no pudieron hacer frente a las luchas por la independencia que los desarticuló totalmente. Este fue el verdadero golpe a su estabilidad. Los comerciantes peruanos querían el negocio para sí mismos, buscaban mantener la exclusividad y una manera de obtenerla era destacándose en los “servicios o prestaciones” a favor del Estado español e incluso entregando donaciones. Prefirieron mantener el sistema y para ello solventaron los gastos de la guerra a favor del rey, pero se jugaron por el bando equivocado. Luego de la Independencia tuvieron que seguir aportando dinero al nuevo gobierno republicano. Mientras existió el sistema colonial, los comerciantes peruanos tuvieron oportunidades de encontrar franquicias especiales pero luego, con la independencia, el sistema patrimonial se quebró por lo menos durante unos años. El Consulado pasó a ser Cámara de Comercio con la llegada de San Martín, no obstante ello, en 1829 volvió a recuperar todas sus prerrogativas y esta institución de características típicamente coloniales continuó representando al gremio hasta 1880.
>>Tomado de: <http://www.uade.edu.ar/downloads/seminyjorn/jumar/mazzeo.doc>
* Pontificia Universidad Católica del Perú (cmazzeo@pucp.edu.pe).
1-Inglaterra no aceptaba a un Borbón en la Corona española porque de esa manera se unían dos reinos contra sí misma. Todo se agravó cuando Luis XIV trató de hacer prevalecer el favoritismo de Francia en el comercio español y desequilibró el sistema de poderes europeos. Ver Busaniche 1975: p. 172 2-El contrabando era algo endémico, en él participaban no sólo los extranjeros sino también las mismas autoridades españolas. Ver el trabajo de Malamud Carlos 1986, p.38; Villalobos 1965, p. 92; García Baquero 1992, p.345. 3-Ver Nuevo Sistema de Gobierno para la América Española de José del Campillo y Cosío. 4-BURKHOLDER Y CHANDLER De la Impotencia a la Autoridad, FCE, México 1984, Apéndice VI, pág. 230. 5-En Lima el Reglamento de Aranceles para el Libre Comercio se implementó recién en 1784 debido a que hubo una guerra con Inglaterra que suspendió el tráfico por varios años. 6-Hay que tener cierta cautela cuando se habla de expansión comercial durante la época de las reformas porque comparando 10 años antes 1767/1776 y diez años después 1787/1796 sólo tres productos tuvieron una tendencia al alza, no así el cacao ni los caudales. El cacao se utilizaba para el pago de negros que ingresaban por Buenos Aires y los caudales, se exportaron un promedio de 5 millones en el primer período y 4 en el segundo, la respuesta puede ser que quedó mayor cantidad de circulación en el Virreinato. Todo esto visto a través de los libros de Aduana del Callao y comparando el trabajo de Parrón Salas con el de Cristina Mazzeo. No obstante es necesario trabajar más el tema para ver realmente cuánto fue realmente el incremento del comercio. 7-En 1808 la invasión de Napoleón trastoca las alianzas e Inglaterra pasa a ser la nueva aliada de España, la decisión de la Corona es permitir el comercio con firmas inglesas, a lo cual se oponen los comerciantes peruanos; en 1815 vuelve Fernando VII y si bien se quiere volver al sistema anterior, las necesidades de recabar beneficios fiscales lo impide y se continúan entregando licencias 8-La historiografía tradicional estaría señalada por Céspedes del Castillo con su libro Lima Buenos Aires 100 años de Rivalidad, el trabajo de María Pilar Pérez Cantó, Lima en el siglo XVIII, las memorias del Virrey Gil de Tabeada y Lemos. Trabajos más recientes como los de Jun FISE, Cristina Mazzeo y Marcel Haitien dan cuenta de la importancia que siguió teniendo Lima y por ende el Callao como puerto principal sobre el Pacífico. 9-AGN Lima, Sección Consulado siglo XVIII caja 1 – Reales Cédulas. También en SEGRETI Carlos pág. 45. 10-MAZZEO Cristina El comercio libre en el Perú... pág. 46. 11-HAITIN Marcel pág. 38 12-Parrón Salas Carmen De las reformas borbónicas a la República: El consulado y el comercio marítimo de Lima 1778 – 1821, Murcia 1995 pp. 253 a 265. 13- Enrique Tándeter, Vilma Milletich y Roberto Schmit, Flujo mercantiles en el Potosí colonial tardío, en Circuitos mercantiles y Mercados en Latinoamérica siglos XVIII y XIX. Instituto José María Luis Mora y UNAM, pp.35 14-BURKE Peter en un trabajo sobre las élites del siglo XVII distingue dos tipos: rentistas las de Venecia y empresariales la de Amsterdam. De acuerdo a dicha clasificación podemos decir que en el Perú la élite mercantil cumplía las dos funciones, dado que en períodos de recesión económica se mantuvieron como rentistas. Venecia y Amsterdam Estudio de las elites del siglo XVII, Gedisa Editorial Barcelona 1996. 15- Tres de sus hijos se radicaron en España, uno continuará con los negocios de su padre y era su principal contacto con la Corona; los otros dos armarán regimientos a favor del rey durante la guerra contra Napoleón. 16-MAZZEO Cristina El comercio libre en el Perú, las estrategias de un comerciante peruano, José Antonio de Lavalle y Cortés, 1777 – 1815 PUCP, Lima 1994. 17- Susy SANCHEZ Familia Comercio y Poder Los Tagle y su vinculación con los Torre Velarde ( 1730-1821) PUCP, 1999 18-Ver el trabajo de Roisida Aguilar y el de Carlos Parto en MAZZEO Cristina Los comerciantes Peruanos capacidad y cohesión de una élite PUCP DAI, Lima 1999. 19- Para profundizar en el tema ver el trabajo de Ramiro Flores, Un Proyecto comercial borbónico a fines del siglo XVIII, la Real Compañía de Filipinas en el Perú ( 1785 – 1820) 20-Ver el trabajo de Deolinda Villa Liderazgo y Poder: La elite comercial limeña entre el Comercio Libre y la guerra de Independencia, el caso de Antonio de Elizalde, en MAZZEO Cristina Los comerciantes limeños a fines del siglo XVIII capacidad y cohesión de una elite, 1750 – 1825 PUCP-DAI 1999. 21- Ibidem pág. 163 a 167 22-MALAMUD Carlos “El comercio libre entre España y América Latina, coordinador Miguel Bernal Madrid 1987, pág 301 23-Documento que pertenece al archivo privado de la Familia Lavalle. 24-Estos datos fueron extraídos de las cartas privadas de la familia Lavalle. Ver : MAZZEO Cristina “Comercio neutral y comercio privilegiado en el contexto de la guerra de España con Inglaterra y con Francia 1796 – 1815. En Derroteros de la Mar del Sur, año 6 Nro. 6 1998 Lima Perú, pp. 131 – 145. 25-Carta de Antonio de Lavalle a su hermano Juan Bautista. Archivo privado de la Familia Lavalle, 26-Ibidem. 27-Documento del AGN Buenos Aires sala IX, Sec. Colonia, Esclavos, Comercio y Padrones 1777 – 1808 en MAZZEO Cristina: El Comercio Libre en el Perú, las estrategias de un comerciante peruano José Antonio de Lavalle y Cortés 1777 – 1815, Lima 1994, PUCP, pág. 180 28-Costeloe Michaele (1981: 217-219). 29-AGI, Indiferente 313, nota del Consulado de Lima elevada a la Corona. Citado en el trabajo inédito, de próxima publicación: MAZZEO Cristina: El Consulado de Lima y la política comercial española frente a las coyunturas de cambio de fines del período colonial 1806-1821. 30-Pezuela había negociado con la fragata inglesa Apost para comprar algunas armas. En la misma se estipulaba la entrega de 4 mil fusiles, pistolas y sables de Inglaterra o Francia y la autorización de ingresar géneros por un valor de 200 mil pesos que a su entrada en el Virreinato del Perú pagarían los mismos derechos que los productos que vinieran de Cádiz, es decir como si fueran españoles. MAZZEO Cristina El Consulado de Lima y la política comercial española frente a las coyunturas de cambio de fines del período colonial 1806-1821. 31-MAZZEO Cristina Las Vicisitudes de la guerra de Independencia del Perú 1816 – 1824 trabajo presentado al Instituto Riva Agüero, Lima 1998 (inédito). 32-Monteagudo había sido ministro de San Martín, de ideas muy revolucionarias se lo considera un jacobino que tomó una actitud de represalia contra los españoles, fue asesinado en 1824 mientras gobernaba la Triunvirato luego de la salida de Bolívar del Perú. 33-Antonio de Lavalle, radicado en Cádiz murió en 1812. No sabemos aún el destino de sus hijos que al parecer se quedaron en dicha ciudad.
![]()