SIMON BOLIVAR
FILON DE INAGOTABLE ENSEÑANZA

POR:  RAMON PALACIO BETTER

El hombre universal cuya grandeza lo coloco a la vanguardia de su generación en el mundo y grabo su nombre entre los grandes arquitectos y constructores para la posteridad de la época moderna. El americano integral que inscribió para  la historia de la nobleza humana, el gesto irrepetible antes y después de la gesta, cabalgando los inmensos territorios y fronteras de cinco naciones y no con el propósito de conquistar ni someter al vasallaje o sujetar a sus propias determinaciones de sometimientos a la sociedad, como siempre ha sucedido.  Inspirando su voluntad al sembrar de libertad, las extensas regiones del Continente Americano; Colombia fue una de ellas y eje de sus afectos y también de sus desvelos.

 

Un pueblo que ignora arbitrariamente su historia y desconoce a sus creadores; es igual a construir un gran edificio sin cimientos, sin estructuras, sin apoyos; incapaz de tomar de sus orígenes las suficientes bases y condiciones que permitieron fortalecer y diseñar nuestra Patria para la posteridad. Hoy existe una amnesia general en lo social, que enerva o debilita el vigor colectivo y paraliza la capacidad de respuesta y también de reacción creadora, de nuestras gentes. Es indudable que este desconocimiento de nuestros principales pilares de conformación y establecimiento como nación, parecería ser que ignoramos nuestra identidad, que debilita sin reparos la potencialidad para la continuidad y poder edificar un mejor destino, de mejores perfiles, propios, auténticos caracterizado por las intransferibles identidades, extraídas de nuestra esencia popular.

 

Es urgente y necesario que todos los niños y jóvenes de todas las regiones del País, reciban las enseñanzas suficientes logrando obtener así las especiales credenciales de Colombianidad y que aporta de manera indiscutible nuestra legendaria historia. Desde cualquier perspectiva que se le estudie, el Militar, el Político, el Humanista, el Poeta, el Educador, el Orador, el Administrador, el Gobernante, el Guerrero, el Libertador, Simón Bolívar P, siempre fue y es, un filón inagotable de enseñanza para la posteridad. Bolívar, por sobre todo fue un líder, un conductor de los pueblos hacia la democracia y la libertad.

 

Su pensamiento y su proyecto político no pueden comprenderse sino en sintonía con las doctrinas que dieron nacimiento a los EE.UU de Norteamérica y a la Revolución Francesa. Siempre creía en la democracia, su meta final fue esa, las continuas luchas para la creación de sociedades democráticas en la antigua América Española. Simón Bolívar predica con ejemplo la subordinación de la institución armada, majestad suprema del poder civil de entonces, sin embargo a pesar del mandato civil, siempre obedeció a la visión enana de ambiciones envilecidas, por ello nunca perdió dignidad. Tenia la fuerza, el prestigio, la autoridad moral y la suficiente razón para hacerlo, sin embargo, nunca lo hizo. Tomo siempre el camino de la obediencia institucional  y lo demuestra cuando entrega el mando a Sucre.

 

Hoy, con una indescriptible facilidad olvidamos estas lecciones, especialmente por quienes usan su memoria y su ejemplo, no como espejo para mirar la Patria, con los mismos ojos de nobleza y de honestidad que divulgo el Libertador; si no que la toman como una espectacular mascara para poder deteriorar su imagen y disfrazar de muy mala fe, sus pequeñas ambiciones. Ciertamente es muy largo el camino a transitar y son muchas las transformaciones que este régimen democrático que hoy tenemos debe realizar para alcanzar las medidas de los sueños bolivarianos.

 

El rico pensamiento del Libertador Simón Bolívar P, sigue siendo inspiración y fuente de ideas, orientaciones y estímulos, cuando nos acercamos cada vez mas al tercer milenio. Pienso que estamos en mora de renovar el compromiso de su empresa con la libertad y el bienestar de los pueblos, como meta de permanente vigencia. Hoy como ayer se impone la exigencia de convocar el pensamiento y la voluntad de los mejores Colombianos para construir el futuro. Debemos trascender y superar de inmediato las diferencias que nos separan y hechar de lado las pugnacidades que nos convierten, unos a otros, en irreconciliables bandos y más bien, enfrentar y proyectar unidos los retos que arrastramos de los problemas aun no resueltos del pasado y también los desafíos que el porvenir nos exige y que se nos viene encima con obligante vocación en el presente.

 

¿Cuanto tiempo ha pasado? Hemos agotado demasiadas energías en destruirnos y descalificarnos recíprocamente. La confusión, el escepticismo y la desconfianza que sentimos contra las instituciones democráticas, tienen su origen en esa manera tan encarnizada como estamos marcando el combate civil, en luchas estériles y en la pretensión de imponerle a la República los rumbos parciales, de corrientes sucesivamente predominantes, bien con las armas, bien con el voto. El sistema democrático demanda por igual, de las organizaciones políticas y de la sociedad civil, instrumentos que permitan el consenso sobre programas capaces de alcanzar el progreso y el bienestar. Es imperativo desistir de estas siembras de rencores que no puede producir otro futuro, que una cosecha de violencia y el retorno de un estado de anarquía que puede devorar las mejores posibilidades del futuro Colombiano.

 

Por respeto a Simón Bolívar y en su nombre, estamos obligados a devolverle a la nación un ambiente social de seguridad, de prosperidad y una sensación de paz, sosiego y confianza a los espíritus. En las comunidades internacionales estamos dando la impresión de que somos una nación que perdió su brújula y u norte sin lugar a dudas, como también incapaces de administrar con eficiencia numerosos recursos existentes y de erigir instituciones sociales y de gobierno en completa sintonía con las necesidades del pueblo, como medulas que son en las sociedades democráticas modernas.

 

Todos estamos revestidos de unas sensaciones de pesimismo provocadas por la subestimacion de las aptitudes colectivas para poder resolver y superar las coyunturales crisis que nos ahogan y asfixian actualmente. Tenemos y debemos derrotar ese inconveniente ambiente de empantanamiento social; que ve esto como una condenación ineludible y dirigida contra el alma de nuestros pueblos; sin embargo, no es otra cosa que, una oportunidad mas para probar que podemos lograrlo con voluntad y un esfuerzo nacional, convocando mas que todo, la confianza entre nosotros mismos, con inteligencia, esencial y básica para construir y recorrer convenientes caminos, plenos de acciones y realizaciones, especialmente orientadas y distribuidas en las comunidades que aspiran unas mejores igualdades sociales y económicas.

 

Personalmente creo, que es tiempo de hacer oír la voz del Libertador como un clarín en la conciencia de todos los Colombianos. En el corazón de nuestra Patria que tanto le debe, también se deben despertar sus pensamientos, sus enseñanzas, su tesón, sus hazañas, sus luchas. De manera que podamos localizar en nuestros espíritus su imponente presencia y su constante imagen republicana; De poder lograrlo en las poblaciones urbanas y rurales de la Patria que supo libertar, creo que, estaría suspendido el imperante lenguaje bélico que actualmente utilizamos y que nos cubre como sombra día a día, oscureciendo y aturdiendo las tranquilas mentes de todos los Colombianos.

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SANTA MARTA, 13 DE DICIEMBRE DE 1999.